martes, 18 de diciembre de 2012

Meditación SA TA NA MA


Kirtan Kriya, a menudo llamado meditación SA TA NA MA, es una de las meditaciones más importantes en el Kundalini Yoga. Fue una de las primeras meditaciones enseñadas por Yogui Bhajan y todavía hoy permanece como una meditación básica recomendada para todo estudiante de Kundalini yoga.




Yogui Bhajan decía que si puedes hacer sólo una meditación, ésta es la que debes hacer. Si quieres quieres continuar manteniendo tu statu quo, no hagas esta meditación. Si estás deseoso/a de cambiar y dar la bienvenida a una nueva dimensión de ser en tu vida, esta meditación es para ti. Mientras la practicas, llegarás a comprender que es tu mejor amigo. Cualquier cosa que necesites en determinado momento, se reajustará y alineará para traer el equilibrio a tu mente y a tu vida. Esta meditación te ayuda a enfocar y centrarte. Es un catalizador para el cambio porque es un depurador espiritual muy poderoso. Puedes avanzar mucho porque estarás liberando mucho.

Esta práctica ayuda a cambiar nuestra programación subconsciente. Tenemos que limpiar nuestra programación subconsciente para que no sabotee nuestro intento consciente. De hecho, es la programación en nuestra mente subconsciente, la que crea nuestra realidad.

INSTRUCCIONES para la práctica:
Esta es una meditación activa que se puede practicar en cualquier momento, mientras se camina, se está sentado o acostado, y tiene como efecto bastante inmediato el logro de un incremento notable de la coherencia interhemisférica cerebral.

Si se practica sentado:
Sentarse en postura fácil, codos rectos, brazos estirados y descansando en la rodillas. Columna recta.
Lleva tu enfoque mental al punto de la frente. Entona SA TA NA MA. Mientras entonas presiona alternadamente el dedo pulgar con los cuatro dedos. Aprieta suficientemente fuerte para mantenerte despierto y consciente de la presión. Sigue repitiendo en un ritmo estable y mantén el movimiento de la mano a lo largo de toda la meditación.


SA junta presionando el dedo pulgar y el índice o de Júpiter.
TA junta presionando el dedo pulgar y el medio o de Saturno.
NA junta presionando el dedo pulgar y el anular o del Sol.
MA junta presionando el dedo pulgar y el meñique o de Mercurio.El dedo de Júpiter trae conocimiento, expande nuestro campo de posibilidades y nos libera de las limitaciones.

El dedo de Saturno nos da paciencia, sabiduría y pureza.
El dedo del Sol nos da la vitalidad y vida.
El dedo de Mercurio ayuda a una clara comunicación.

Cada vez que cierras un mudra uniendo el dedo pulgar con un dedo, tu ego "sella" su efecto en tu conciencia. Visualiza o siente cada sonido individual entrar en el chakra de la coronilla en el tope de la cabeza, bajar a través del medio de la cabeza y salir al infinito a través del tercer ojo. Esto es muy importante y debe hacerse con cada sonido. Es una parte esencial del proceso de limpieza. Si no haces esta parte de la meditación, puedes experimentar dolor de cabeza.

Visualización: con cada sílaba que cantamos imaginamos el sonido y la energía entrando por la corona y saliendo entre las cejas proyectándose hacia delante. Este trayecto en forma de L se llama "el cordel dorado".



VERSIÓN DE 31 MINUTOS
Durante los primeros 5 minutos entona en VOZ ALTA. (La voz humana.)
Durante los segundos 5 minutos entona en SUSURRO audible. (El lenguaje de los amantes.)
Durante los próximos 11 minutos entona SILENCIOSAMENTE. (El idioma de lo divino)
Manten el movimiento de los dedos, la L en la cabeza y el movimiento de la lengua.
Luego 5 minutos en SUSURRO.
Termina con 5 minutos en VOZ ALTA.

VERSIÓN DE 11 MINUTOS
También puede hacerse en tiempos más cortos. Yogui Bhajan aconsejó que durante este tiempo estresante debe hacerse por lo menos durante 11 minutos todos los días.
Para la versión de once minutos se pueden hacer 2 minutos en VOZ ALTA.
2 minutos en SUSURRO audible.
3 minutos cantando SILENCIOSAMENTE.
Manteniendo el movimiento de los dedos, la L en la cabeza y el movimiento de la lengua.
2 minutos en SUSURRO.
2 minutos en VOZ ALTA.

En el último minuto, ya sea la versión de 31 u 11 minutos, escucha en tu interior el mantra y experimenta la L en la cabeza. No hagas los movimientos de los dedos. Óptimamente esta meditación se hace durante 31 minutos.

Finalmente, inhala profundamente, levanta los brazos arriba en el aire y agita vigorosamente los brazos y los dedos. Puedes involucrar el cuerpo entero y la columna. Exhala. Repite 1 o 2 veces más si lo deseas. Ésta es una parte importante de la meditación porque ayuda a mover y liberar la energía en el cuerpo. Relájate durante unos minutos antes de continuar tu día. O relájate sobre tu espalda. Si es antes de acostarse, simplemente ve a dormir.

SA TA NA MA
Este mantra se llama Mantra del Sonido Primordial, porque se compone de los cinco sonidos primordiales: S, T, N, M, y AH. El significado literal es el siguiente: Sa significa nacimiento (o infinito), Ta significa vida; Na significa muerte, y Ma significa renacimiento. Por lo tanto, el mantra se describe el círculo eterno de la vida: nacimiento, vida, muerte y renacimiento.

Sa: evoca una sensación de emoción y expansión.
Ta: crea una sensación de transformación y la fuerza.
Na: estimula un sentimiento de amor universal.
Ma: evoca la calidad de la clara comunicación.

Yogi Bhajan decía que: "Cualquiera que practique este kriya durante 2,5 horas al día durante 1 año conocerá lo desconocido y verá lo invisible".

Practicar esta meditación trae un equilibrio mental total en la psyche del individuo. Este mantra te ayuda a consolidar y cambiar tus hábitos. Es un mantra catalizador del cambio.
Cada vez que vibras cada sonido y presionas cada dedo, alternas tus polaridades eléctricas. Los dedos indice y anular tienen polaridad negativa eléctrica, en relación a los otros dedos.
Practicar esta meditación es un arte y una ciencia. Es un arte en el sentido de que moldea la conciencia y en el refinamiento de la sensación y de la comprensión que produce. Es una ciencia en la probada certeza de los resultados que produce.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Rezar por el ayer


En julio de 2000, Leonard Leibovici, profesor de medicina interna en Israel y experto en infecciones hospitalarias, realizó un estudio sobre el efecto de la oración curativa con 3393 adultos que habían desarrollado una infección en la sangre durante su estancia en el Centro Médico Rabin. Preparó un riguroso protocolo, usando un generador de números aleatorios para dividir a los participantes en dos grupos, sólo uno de los cuales sería objeto de oraciones, y con un impecable sistema doble ciego: ni los pacientes ni el personal del hospital sabían quién estaba recibiendo tratamiento -de hecho, ni siquiera conocían que se estaba realizando un estudio-. Los nombres de todos los pacientes que estaban en el grupo de tratamiento fueron entregados a un grupo de oración que rezó por la salud y la plena recuperación del conjunto de enfermos que le habían sido asignados.

Leibovici estaba interesado en comparar tres resultados entre el grupo que fue objeto de oración y el que no lo fue: el número de muertes en el hospital, el tiempo total de estancia en el hospital y el tiempo de duración de la fiebre. Al analizar los resultados, empleó varias medidas estadísticas para evaluar la importancia de cualquier diferencia. Como suele suceder, el grupo de control tuvo una mortalidad del 28,1% frente al 30,2% del otro grupo, la diferencia no fue estadísticamente significativa. Lo que sí fue científicamente revelador, sin embargo, fue la gran diferencia que hubo entre el grupo que fue objeto de oración y el grupo de control en lo que respecta a la severidad de la enfermedad y el tiempo de curación. Las personas que fueron objeto de oración tuvieron una fiebre de mucha más corta duración, pasaron menos días en el hospital y se recuperaron más rápido que las del grupo de control.

El tema de las investigaciones de Leibovici -los efectos curativos de la oración- no era desde luego ninguna novedad. Pero su estudio presentaba un giro que sí era novedoso. Los pacientes habían estado en el hospital entre 1990 y 1996, de cuatro a diez años antes que el experimento de oración se realizase. La oración se realizó en el año 2000 pero sus resultados influyeron en personas que habían estado enfermos años antes.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Tonglen, dar y recibir. Una experiencia transmutadora

 

El término tibetano Tonglen  - གཏོང་ལེན་ - significa "dar y recibir" o "enviar y recibir". Normalmente Tonglen se refiere a una técnica meditativa practicada por el buddhismo tibetano. En la práctica se visualiza el sufrimiento de los demás mientras se inhala profundamente, mientras que en la exhalación se da felicidad y éxito a todos los seres sintientes. Por tanto, este tipo de meditación es un poderoso entrenamiento en el altruismo.

Esta práctica se resume en siete puntos, que se atribuyen al gran maestro buddhista indio Atiśa Dīpaṃkara Śrījñāna (980–1054).

La función de esta práctica consiste en:
    •    Reducir el apego egoísta.
    •    Incrementar el sentimiento de renuncia.
    •    Crear karma positivo basado en la generosidad y la ayuda.
    •    Desarrollar y expandir la bondad amorosa y la compasión.

Tonglen es una práctica sencilla:
I Reposar en el cuerpo
Relajamos y descansamos la parte posterior del cuerpo conectando con la generosidad natural de la espiración y la receptividad natural de la inspiración.
Con la espiración, sentimos como el cuerpo (por sí mismo) suelta todo aquello que no necesita. Pensamientos y creencias de quién somos. Disolvemos tensiones, planes, recuerdos, dolores, molestias.
Con la inspiración, observamos como penetra la vida en nuestro interior.
Comenzamos cambiando el ritmo de la respiración, respiramos más despacio y más profundamente de forma abdominal preferiblemente. Empujando el estómago suavemente para que salga todo el aire y al inspirar abrimos las clavículas para que los pulmones se llenen completamente de aire.
Después de seis respiraciones volvemos gradualmente a la respiración habitual.

II. Presencia expansiva
Si conectamos con el espacio que hay al final de la espiración empezamos a sentir una sensación de presencia con más espacio, también podemos tener esta sensación si sentimos el espacio que hay alrededor del cuerpo cuando le dejamos respirar.
Disfrutar de la suavidad de la respiración nos ayuda a empezar a borrar la pesada sensación de que nuestra piel es nuestro límite, que sólo estamos en el interior de nuestra piel.
Sentimos o imaginamos que somos algo más que lo que contiene nuestra piel, somos tan grandes como el cielo de la noche y nos expandimos con el. La respiración, la mente y el cuerpo son sólo algunas de las estrellas que hay en éste espacio suave e inmenso como nosotros mismos.

Necesitamos estar muy motivados, así que recurrimos a todos los argumentos que conozcamos para recordarnos lo dañina que es la mente egoísta y lo valioso que es el amor. Observamos que la calidad de la felicidad está en relación inversa al egoísmo, cuanto más inmersos estamos en un estado egoísta menos felices somos. Por el contrario, mientras más amor hay, más felices somos. No es necesario sentirse culpable por ser egoísta sino de darse cuenta del daño que nos hacemos a nosotros mismos.

III. Sentir lo que es importante
Podemos preguntarnos “¿Qué es importante? ¿Qué hace que la vida valga la pena ser vivida? Podemos hacer la pregunta a ese lugar profundo que conocemos en nosotros. Si no podemos sentir con claridad la textura y el sabor de lo que es importante, entonces podemos recordar algún episodio en el que experimentamos claridad, libertad, alegría, sensación de estar en casa o de ser amados, a la vez que recordamos sonidos, temperatura, postura, etc.
Una vez podamos sentir la “textura” de la experiencia, entonces podemos soltar las imágenes y los detalles del recuerdo, y nos podemos quedar con la textura, observarla y sumergirnos en ella, conectando con esta textura de forma viva y profunda. Al espirar, llenamos y (eventualmente) emanados esta textura.

Imaginamos ante nosotros nuestra propia imagen Tomando consciencia del estado mental que tengamos en ese momento observándolo ante nosotros. Observamos qué es lo que nos impide sentiremos llenos de gozo. ¿Hay tristeza, soledad, depresión, miedo?, ¿Hay cansancio, sueño, incertidumbre, confusión? Observa qué está pasando y reconoce el sufrimiento que hay en ti. Siente el deseo de eliminarlo. Imagina en tu corazón una masa oscura alquitranada que lo representa. imagina que das toda la felicidad que posees en tu interior y se la das a tu imagen ante ti . Si estás triste le das alegría, si estás solo le das compañía, si estás temeroso le das consuelo, lo que sea.

Continua alternando el dar y el tomar. Todo el dolor que tomes dirígelo a eliminar el egoísmo que visualizas como una masa oscura en tu pecho. Toda la felicidad que des dirígela a sanar y llenar de gozo a la figura que se encuentra ante ti.

IV. Sentir lo que es difícil
Piensa en un momento difícil tuyo; algo que mueva tu corazón, algo que puedas sentir.
Escoge algo específico y claro, y conecta con la textura de ese momento ¿quema? ¿pincha? ¿te acelera? ¿te bloquea? ¿es pesada? ¿es cortante? ¿es densa? ¿es oscura?.
Simplemente da la bienvenida a “la textura de lo difícil” a lo desagradable. No hay necesidad de esconderse o luchar. Simplemente hay suficiente espacio para este dolor también.
Recuerda también los aspectos de tí que menos te gustan. Siente la determinación de acabar con ese dolor e imagina que entregas a la figura perdón, comprensión y aceptación. Continúa los minutos siguientes tomando y dando esto.

V. Ofrecer y recibir
Ahora amplia la visión y recuerda a alguien cercano que esté sufriendo. Toma consciencia de lo que le hace sufrir, su cuerpo, su emociones, sus obsesiones, sus miedos. . . Sea lo que sea, trata de tomar sobre ti su dolor y darle alegría, amor y sanación. Alterna constantemente entre darle concretamente lo que necesita y tomar su sufrimiento. Imagina que todo lo que tomas va disolviendo la masa de egoísmo que hay en tu corazón. Siente el alivio que esto te produce y siente la felicidad del otro.

VI. Ampliar la fluidez
Podemos expandir nuestra visión. Podemos dejar que la inspiración dé la bienvenida a la textura de lo difícil que todos compartimos. Y podemos dejar que la espiración comparta lo que es más preciado para nosotros. Cuanto más demos más encontraremos.

Continuamos recordando a más personas. Imaginándolas delante de nosotros con sus problemas y dificultades. Sentimos su dolor, y damos felicidad en forma de algo que aplaque su dolor. Sentimos la insatisfacción y la ansiedad, las tomamos y entregamos lo más positivo que hay en nuestro interior en la forma que les haga sentirse más satisfechos y en paz. Sentimos a los que viven confusos y temerosos, tomamos su dolor y les damos lo que les dé claridad y discernimiento. Percibimos a los que sufren de codicia y competitividad, lo tomamos y les damos contentamiento. Consideramos a los que sufren pérdidas, las tomamos;  y les entregamos aceptación y sabiduría.
Entregamos la felicidad en el aspecto que necesiten, olvidamos el egoísmo, y nos entregamos. Es mucho más importante la felicidad de los demás. Al tomar el dolor disuelves nuestro egoísmo y al dar felicidad nos abrimos plenamente al amor.

Cuando hallamos practicado esta meditación y nos sintamos más seguros en ella podemos empezar a combinar la visualización con la respiración de manera que al inspirar tomemos el dolor y al espirar demos felicidad. Respiramos con naturalidad y dejamos que el aire que recibimos nos abra a la compasión y el aire que expulsamos al amor. Inspiramos y toma, una y otra vez, espiramos y damos lo que necesiten. La fuente es inagotable.

VII. Descubrir el tesoro
Podemos meditar hasta que sintamos que ya no hay más egoísmo. Tomando consciencia de toda la felicidad que hemos implantado en los demás. Ahora podemos emerger de la meditación con la intención de llevar a nuestra vida lo que acabamos de vivir, sin prisa pero con constancia.
Podemos tardar días o semanas hasta encontrar el ritmo de esta práctica. A medida que nos familiarizamos con esta técnica de la inversión, en lugar del habitual alejarnos de lo difícil e insatisfactorio, nos damos cuenta poco a poco de que nos ayuda a descubrir la generosidad y la compasión natural que yace en nuestro interior como una fuente inagotable que realmente es transformadora.

Ejercita la unión, enviando y tomando sucesivamente

LOS SIETE PUNTOS DEL ENTRENAMIENTO MENTAL DE ATISHA

1 - Primero aprende los preliminares.
Piensa que todos los fenómenos son como sueños.
Examina la naturaleza de la conciencia nonata. Deja incluso que el remedio desaparezca por sí mismo.
Asiéntate en la naturaleza de la cognición básica, la esencia. Entre sesiones, considera los fenómenos como fantasmas.
Ejercita la unión, enviando y tomando sucesivamente.
Hazlo cabalgando sobre la respiración.
Tres objetos, tres venenos, tres pilares de virtud (atracción, repulsión e indiferencia).
Ejercita frases en todo tipo de conductas.

2 -  Empieza el desarrollo del tomar contigo mismo.
Cuando el mal llene los universos animados e inanimados, transforma las malas circunstancias en camino hacia tu budeidad.
Conduce toda responsabilidad hacia uno. Sé agradecido con todos.
La insuperable protección del vacío es ver las manifestaciones de la confusión de los cuatro kayas. (Dharmakaya o cuerpo del vacío; Nirmanakaya o cuerpo de creación; Sambogakaya o cuerpo de dicha; swabhakaya o cuerpo de la naturaleza última).
Un medio excelente es: tener las cuatro provisiones. (Observación, análisis, elección del silencio, alejamiento de la tensión) Para conducir al camino rápidamente cualquier situación, tan pronto como se dé, únela con meditación.
El conciso compendio de instrucciones sobre el corazón es: trabaja con las "Cinco Fuerzas".(Intensidad; hacer lo que se que quiere hacer; fuerza de las semillas blancas o elección de lo bueno; alejamiento del ego y su mundo; dar: dedicación al bienestar de los demás)
Las instrucciones para la transferencia del Mahayana son: las "Cinco Fuerzas".
La conducta es importante.
El propósito de todo el Dharma está contenido en un punto.

3 - Capta el principio de los dos testigos. Confía siempre en un estado mental dichoso.
Aunque estés distraído, si puedes hacerlo, es todavía adiestramiento de la mente.
Siempre observa los tres puntos generales.
Cambia tu inclinación y manténla.
No discutas defectos. No pienses en nada que sea asunto de los demás.
Adiéstrate primero contra la mayor mácula.
Abandona toda esperanza de resultados.

4 - Abandona todo alimento tóxico.
No seas coherente.
No hagas chistes maliciosos.
No esperes a que se dé la oportunidad. No golpees al corazón.
No traslades la carga de la vaca al toro.
No apoyes al favorito.
No mantengas puntos de vista equivocados.
No caigas en la trampa del demonio celestial.

5 - No te causes dolor por deleites espurios.
Todas las absorciones se efectúan en una. Un método corregirá todo lo incorrecto. Al principio y al final hay que hacer dos cosas.
Sé paciente, ocurra una u otra cosa.
Observa dos preceptos incluso aunque con ello arriesgues la vida.
Supera las tres dificultades.
Abraza las tres partes de la causa principal. Medita sobre las tres cosas que no deben ser destruidas.
Haz que las tres sean inseparables de la virtud.

6 - Ejercítate imparcialmente en todas las áreas; Es importante haberse ejercitado con total intensidad en todos los aspectos de todas las cosas. Medita siempre sobre objetos específicos.
No debes preocuparte por otros factores, así que aplícate a los asuntos importantes.
No hagas las cosas al revés.
No vaciles.
Adiéstrate en un modo de desconexión.

7 - Encuentra la libertad mediante el examen y la investigación.
No alardees.
No dejes que te consuma la envidia.
No actúes caprichosamente. No cuentes con la gratitud de la gente.
El elixir de la quintaesencia de estos consejos por el que el avance de los cinco procesos de descomposición se transforma en Camino Bodhi, lo transmite Dharmakirti. Con el despertar de la energía kármica de nacimientos previos y la virtud de mi intenso interés hice caso omiso del sufrimiento y la mala reputación y busqué instrucción para controlar el aferramiento al ego.

Ahora, aún cuando muera, no tendré pesar alguno.

Atiśa Dipamkara Srijnana (982; †1054), conocido también como Atisha, Atis y Atsia) fue un pandita indio y un célebre abad de Vikramashila. Fue uno de los primeros maestros de la Sarma (nueva tradición) del budismo tibetano.

Nacido en Bengala en una familia real, se dedicó a estudios religiosos, viajando a Sumatra en busca de enseñanzas. A su vuelta a India fue nombrado abad del monasterio Vikramashila.

Atisha llegó hacia 1039 al Tíbet invitado por el rey Yeshe Od, para ayudar al restablecimiento del budismo, muy debilitado por las persecusiones del rey Langdarma. Su llegada marca el inicio de un nuevo período en la historia del budismo en Tibet.

Aunque era personalmente partidario del Tantra, supo mantener el balance entre la disciplina monástica y el misticismo. A donde quiera que fuese confería iniciaciones, realizaba traducciones y construía monasterios.

Uno de sus legados más importantes fue el desarrollo de las prácticas del entrenamiento de la mente (lobjong), y la centralidad de concepto y práctica del bodhicitta en el budismo tibetano, incorporado a las cuatro escuelas: Gelug, Nyingma, Kagyu y Sakya. Por estas razones Atisha es una figura central en la historia del budismo.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Krishnamurti y la Meditación


Si durante el día está usted alerta, si está atento a todo el movimiento del pensar, a lo que usted dice, a sus gestos -cómo se sienta, cómo camina, cómo habla- si está atento a sus respuestas, entonces todas las cosas ocultas salen a la luz muy fácilmente. En ese estado de atención lúcida, despierta, todo es puesto al descubierto.

La mayoría de nosotros está inatenta. Darse cuenta de esa inatención, es atención.
La meditación no es una fragmentación de la vida; no consiste en retirarse a un monasterio o encerrarse en una habitación sentándose quietamente por diez minutos o una hora en un intento de concentrarse para aprender a meditar, mientras que por el resto del tiempo uno continúa siendo un feísimo, desagradable ser humano.

Para percibir la verdad, uno debe poseer una mente muy aguda, clara y precisa —no una mente astuta, torturada, sino una mente capaz de mirar sin distorsión alguna, una mente inocente y vulnerable. Tampoco puede percibir la verdad una mente llena de conocimientos; sólo puede hacerlo una mente que posee completa capacidad de aprender. Y también es necesario que la mente y el cuerpo sean altamente sensibles —con un cuerpo torpe, pesado, cargado de vino y comida, no se puede tratar de meditar. Por lo tanto, la mente debe estar muy despierta, sensible e inteligente.

Las necesidades básicas para descubrir aquello que está más allá de la medida del pensamiento, para descubrir algo que el pensamiento no ha producido son tres:

  • 1) se debe producir un estado de altísima sensibilidad e inteligencia en la mente
  • 2) ésta debe ser capaz de percibir con lógica y orden
  • 3) finalmente, la mente debe estar disciplinada en alto grado.

Una mente que ve las cosas con total claridad, sin distorsión alguna, sin prejuicios personales, ha comprendido el desorden y está libre de él; una mente así es virtuosa, ordenada. Sólo una mente muy ordenada puede ser sensible, inteligente.

Es preciso estar atento al desorden que hay dentro de uno mismo, atento a las contradicciones, a las luchas dualísticas, a los deseos opuestos, atento a las actividades ideológicas y a su irrealidad. Uno ha de observar “lo que es” sin condenar, sin juzgar, sin evaluar en absoluto.
La mayor parte del tiempo está uno inatento. Si usted sabe que está inatento, y presta atención en el momento de advertir la inatención, entonces ya está atento.

La percepción alerta, la comprensión, es un estado de la mente de completo silencio, silencio en el cual no existe opinión, juicio ni evaluación alguna. Es realmente un escuchar desde el silencio. Y es sólo entonces que comprendemos algo en lo cual no está en absoluto envuelto el pensamiento. Esa atención, ese silencio, es un estado de meditación.

Comprender el ahora es un inmenso problema de la meditación —ello es meditación. Comprender el pasado totalmente, ver dónde radica su importancia, ver la naturaleza del tiempo, todo eso forma parte de la meditación.

En la meditación existe una gran belleza. Es una cosa extraordinaria. La meditación, no “cómo meditar”.

La meditación es la comprensión de uno mismo y, por lo tanto, significa echar los cimientos del orden —que es virtud— en el cual existe esa cualidad de disciplina que no es represión ni imitación ni control. Una mente así, se halla, entonces, en un estado de meditación.

Meditar implica ver muy claramente, y no es posible ver claramente ni estar por completo involucrado en lo que uno ve, cuando hay un espacio entre el observador y la cosa observada. Cuando no hay pensamiento, cuando no hay información sobre el objeto, cuando no hay agrado ni desagrado sino tan sólo atención completa, entonces el espacio desaparece y, por lo tanto, está uno en relación completa con esa flor, con ese pájaro que vuela, con la nube o con ese rostro.
Es sólo la mente inatenta que ha conocido lo que es estar atenta, la que dice: “¿Puedo estar atenta todo el tiempo?” A lo que uno debe estar atento, pues, es a la inatención. Estar alerta a la inatención, no a cómo mantener la atención. Cuando la mente se da cuenta de la inatención, ya está atenta —no hay que hacer nada más.

La meditación es algo que requiere una formidable base de rectitud, virtud y orden. No se trata de algún estado místico o visionario inducido por el pensamiento, sino de algo que adviene natural y fácilmente cuando uno ha establecido las bases de una recta conducta. Sin tales bases, la meditación se vuelve meramente un escape, una fantasía. De modo que uno ha de asentar esas bases; en realidad, esta misma manera de asentar las bases, es la meditación.

Los meditadores profesionales nos dicen que es necesario ejercer el control. Cuando prestamos atención a la mente, vemos que el pensamiento vaga sin rumbo, por lo que tiramos de él hacia atrás tratando de sujetarlo; entonces el pensamiento vuelve a descarriarse y nosotros volvemos a sujetarlo, Y de ese modo el juego continúa interminablemente. Y si podemos llegar a controlar la mente de manera tan completa que ya no divague en absoluto, entonces —se dice— habremos alcanzado el más extraordinario de los estados. Pero en realidad, es todo lo contrario: no habremos alcanzado absolutamente nada. El control implica resistencia. La concentración es una forma de resistencia que consiste en reducir el pensamiento a un punto en particular. Y cuando la mente se adiestra para concentrarse por completo en una sola cosa, pierde su elasticidad, su sensibilidad, y se vuelve incapaz de captar el campo total de la vida.

El principio de la meditación es el conocimiento de uno mismo, y esto significa darse cuenta de todo movimiento del pensar y del sentir, conocer todas las capas de la conciencia, no sólo las superficiales sino las ocultas, las actividades profundas. Para ello, la mente consciente debe estar serena, calma, a fin de recibir la proyección del inconsciente. La mente superficial sólo puede lograr tranquilidad, paz y serenidad, comprendiendo sus propias actividades, observándolas, dándose cuenta de ellas; cuando la mente se da plena cuenta de todas sus actividades, mediante esa comprensión se queda en silencio espontáneamente; entonces el inconsciente puede proyectarse y aflorar. Cuando la totalidad de la conciencia se ha liberado, sólo entonces está en condiciones de recibir lo eterno.

Entre dos pensamientos hay un periodo de silencio que no está relacionado con el proceso del pensamiento. Si observas, verás que ese período de silencio, ese intervalo, no es de tiempo, y el descubrimiento de ese intervalo, la total experimentación del mismo, te libera del condicionamiento.

La meditación no es un medio para algo. Descubrir en todos los momentos de la vida cotidiana qué es verdadero y qué es falso, es meditación. La meditación no es algo por cuyo medio escapáis. Algo en lo que conseguís visiones y toda clase de grandes emociones. Mas el vigilar todos los momentos del día, ver cómo opera vuestro pensamiento, ver funcionar el mecanismo de la defensa, ver los temores, las ambiciones, las codicias y envidias, vigilar todo esto, indagarlo todo el tiempo, eso es meditación, o parte de la meditación. No tenéis que acudir a nadie para que os diga qué es meditación o para que os dé un método. Lo puedo descubrir muy sencillamente vigilándome. No me lo tiene que decir otro; lo sé. Queremos llegar muy lejos sin dar el primer paso. Y hallaréis que si dais el primer paso, ese es el último. No hay otro paso.

Jiddu Krishnamurti

Si estás meditando y llega un diablo, pon ese diablo a meditar


Los 83 preceptos o mandamientos de Gurdjieff se pueden encontrar en diversas páginas webs y blogs, casi todos de tema espiritual, tomándolos como verdaderos pensamientos de Gurdjieff.



En realidad estos 83 mandamientos se encuentran en la obra de Alejandro Jodorowsky titulada “El Maestro y la magas” en el Capítulo 9 (El trabajo sobre la esencia). Se trata de una novela, en donde el autor supuestamente se encuentra con una supuesta hija de Gurdjieff, producto de una supuesta relación que tuvo éste cuando viajo a EE.UU. en 1924, con una supuesta chica de 13 años y le dejó estos supuestos mandamientos para su hija.

Son muchos supuestos para considerar que estas frases son realmente obra de Gurdjieff. Sea así o sean obra de la magnifica imaginación de Alejandro Jodorowsky, son una excepcional colección de pensamientos e iinstrucciones simples para la vida.

Los 83 preceptos de Gurdjieff
1. Fija tu atención en ti mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
2. Termina siempre lo que comenzaste.
3. Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
4. No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
5. Desarrolla tu generosidad sin testigos.
6. Trata a cada persona como si fuera un pariente cercano.
7. Ordena lo que has desordenado.
8. Aprende a recibir, agradece cada don.
9. Cesa de autodefinirte.
10. No mientas ni robes, si lo haces te mientes y te robas a ti mismo.
11. Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
12. No desees ser imitado.
13. Haz planes de trabajo y cumplelos.
14. No ocupes demasiado espacio.
15. No hagas ruidos ni gestos innecesarios.
16. Si no la tienes, imita la fe.
17. No te dejes impresionar por personalidades fuertes.
18. No te apropies de nada ni de nadie.
19. Reparte equitativamente.
20. No seduzcas.
21. Come y duerme lo estrictamente necesario.
22. No hables de tus problemas personales.
23. No emitas juicios ni cri­ticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
24. No establezcas amistades inútiles.
25. No sigas modas.
26. No te vendas.
27. Respeta los contratos que has firmado.
28. Sé puntual.
29. No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.
30. Habla sólo lo necesario.
31. No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra.
32. Nunca amenaces.
33. Realiza tus promesas.
34. En una discusión ponte en el lugar del otro.
35. Admite que alguien te supere.
36. No elimines, sino transforma.
37. Vence tus miedos, cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
38. Ayuda al otro a ayudarse a si­ mismo.
39. Vence tus antipatí­as y acercate a las personas que deseas rechazar.
40. No actues por reacción a lo que digan bueno o malo de ti.
41. Transforma tu orgullo en dignidad.
42. Transforma tu cólera en creatividad.
43. Transforma tu avaricia en respeto por la belleza.
44. Transforma tu envidia en admiración por los valores del otro.
45. Transforma tu odio en caridad.
46. No te alabes ni te insultes.
47. Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.
48. No te quejes.
49. Desarrolla tu imaginación.
50. No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido.
51. Paga los servicios que te dan.
52. No hagas propaganda de tus obras o ideas.
53. No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, admiración, simpatí­a, complicidad.
54. No trates de distinguirte por tu apariencia.
55. Nunca contradigas, sólo calla.
56. No contraigas deudas, adquiere y paga en seguida.
57. Si ofendes a alguien, pi­dele perdón.
58. Si lo has ofendido públicamente, excusate en público.
59. Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de inmediato de tus propósitos.
60. No defiendas tus ideas antiguas sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció.
61. No conserves objetos inútiles.
62. No te adornes con ideas ajenas.
63. No te fotografíes junto a personajes famosos.
64. No rindas cuentas a nadie, sé tu propio juez.
65. Nunca te definas por lo que posees.
66. Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.
67. Acepta que nada es tuyo.
68. Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades.
69. Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal considéralo tu maestro.
70. No mires con disimulo, mira fijamente.
71. No olvides a tus muertos, pero dales un sitio limitado que les impida invadir toda tu vida.
72. En el lugar en que habites consagra siempre un sitio a lo sagrado.
73. Cuando realices un servicio no resaltes tus esfuerzos.
74. Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.
75. Si dudas entre hacer y no hacer, arriésgate y haz.
76. No trates de ser todo para tu pareja; admite que busque en otros lo que tú no puedes darle.
77. Cuando alguien tenga su público, no acudas para contradecirlo y robarle la audiencia.
78. Vive de un dinero ganado por ti mismo.
79. No te jactes de aventuras amorosas.
80. No te vanaglories de tus debilidades.
81. Nunca visites a alguien sólo por llenar tu tiempo.
82. Obtén para repartir.
83. Si estás meditando y llega un diablo, pon ese diablo a meditar…

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La energía psíquica y la glándula pineal.




Durante siglos, la glándula pineal se ha asociado con fenómenos paranormales. Diversas filosofías orientales han asociado la glándula pineal al "anja chakra" o vórtice energético que se encuentra en la frente, el cual, si se activa, posibilita al individuo a experiencias psíquicas muy profundas. Los antiguos griegos consideraban la pineal como el asiento del alma. Concepto ampliado por Descartes, que filosóficamente sugiere que esta estructura cerebral serviría como un punto ideal desde el que el alma puede ejercer sus funciones somáticas.
Un estudio realizado sobre el hábito de fumar por el National Cancer Institute reveló que las personas con una orientación espiritual más profunda tenían mayor actividad en el gen transportador de la monoamina vesicular conocida como VMAT2. (El transportador de monoamina vesicular es una proteína de transporte ubicada en la célula presináptica.) Aunque los científicos pudieron advertir que un determinado gen se activa en las personas espirituales, no tienen ni idea de lo que hace que el gen de ADN VMAT2 este activo en algunas personas e inactivo en otras.

Podemos activar conscientemente VMAT2 diciendo una oración, repitiendo un mantra y/o haciendo una meditación. La actividad espiritual activa el gen VMAT2 y si l actividad se realiza en grupo activa aun más VMAT2. A mayor potencia de la técnica espiritual realizada, mayor es la activación de VMAT2.

Todos sabemos que las vibraciones energéticas contenidas en el sonido pueden incluso romper el vidrio. El sonido genera efectos electromagnéticos de energía en el cuerpo. La mayoría de las vibraciones sonoras producidas por la gente cuando habla, música comercial, vehículos, electrodomésticos etc, no activa el VMAT2 en la glándula pineal. Sin embargo, la repetición de oraciones, ciertos tonos especialmente los armónicos y los  mantras activan las energías espirituales VMAT2 de forma considerable.

Ciertas frecuencias y sonidos pueden estimular la producción de sustancias psicoactivas en la glándula pineal, sin el uso de drogas. Las personas con una glándula pineal altamente activa parecen ser capaces de recordar sus sueños más vivamente, a menudo reportan haber visto visiones y parecen tener una actividad paranormal por encima de lo normal. La vibración de las ondas del sol también causan un estado de bienestar, produciendo hormonas como la serotonina, las endorfinas beta y la dopamina.

La glándula pineal o "tercer ojo" como la denominan algunos siempre ha sido importante en la iniciación o consecución de poderes psíquicos (por ejemplo, la clarividencia o la visión del aura). Al activar el "tercer ojo" se perciben mayores dimensiones psíquicas, la glándula pineal y la pituitaria  vibran al unísono, lo que se puede lograr a través de diferentes técnicas como la meditación, el canto armónico o la recitación de mantras.

Cuando se establece una relación correcta entre la personalidad, operando a través de la pituitaria, y el alma, operando a través de la glándula pineal, se crea un campo magnético. La pineal puede generar su propio campo magnético, ya que contiene magnetita. Este campo puede interactuar con el campo magnético de la tierra. El viento solar en la madrugada que carga el campo magnético de la tierra, estimula la glándula pineal. Por ello, el período entre las 4 y las 6 de la mañana es el mejor momento para meditar. En estos momentos, la pineal estimula la pituitaria para secretar la hormona de crecimiento humano. Es por eso que aquellos meditadores que lo hacen al amanecer han informado de que las uñas y el cabello experimentan un rápido crecimiento, y un rejuvenecimiento general. Curiosamente, se dice que Cleopatra utilizaba un imán colocado sobre la frente para estimular la glándula pituitaria y restaurar su juventud y buena apariencia.

Al amanecer la carga negativa de la glándula pineal y la carga positiva de la pituitaria combinan sus esencias para crear una "luz en la cabeza, mientras se medita. Esta sutil luz ha sido apreciada por incontables místicos, iniciados y chamanes de todos los tiempos. Se refieren a ella como una experiencia divina o de una inteligencia universal.

Muchas culturas y místicos han inducido esta experiencia a través del uso de sustancias alucinógenas, como el soma, hongos, mescalina y LSD. Sin embargo, estas experiencias tienden a ser de corta duración y requieren un uso repetido de los alucinógenos para volver a vivir la experiencia, con el tiempo esto dará lugar a efectos adversos en la glándula pineal que se daña y encoge. Por tanto, los métodos naturales, como la meditación intensa, la visualización meditativa, la respiración profunda, el canto armónico o la recitación de mantras combinado con la purificación del cuerpo son las mejores maneras de inducir la activación del tercer ojo que puede tener efectos transformadores muy profundos en nuestras vidas.

Por desgracia, el mundo actual en el que vivimos no está diseñado para ayudar a los humanos a seguir este camino. Así que hace falta un gran coraje para cambiar nuestra conciencia y nuestro estilo de vida para ejercitar activamente este potencial humano. Pero aun así, siempre podremos encontrar unos minutos al día para ejercitarnos en la práctica de la meditación.

Entrevista con Juan Manzanera: “Meditar es una herramienta para dejar de sufrir”

Por Pepa Castro

Este conocido experto en meditación está convencido: no queremos abandonar las creencias que nos hacen sufrir. ¿Tú sí? Pues Juan Manzanera te explica los beneficios de esta práctica y también sus requisitos.


Fue monje de la tradición tibetana durante 12 años, y es psicólogo clínico, formado en Psicoterapia Integrativa con Claudio Naranjo (programa SAT). Lleva impartiendo cursos de meditación más de 25 años. Funda y dirige la Escuela de Meditación en Madrid, y ha escrito El placer de meditar (Ed. Dharma), La mirada del maestro (Dharma) y El hallazgo de la serenidad (Martínez Roca).
¿Qué es la meditación?
Una herramienta para no sufrir, lo cual no significa que si tú haces meditación todo te va a salir bien; eso sería pensamiento mágico. Si meditas vas a disponer de una estrategia para afrontar los problemas con más paz, serenidad, equilibrio.
¿Qué tipo de meditación elegir?
Lo más realista es probar diferentes estilos y elegir el que mejor te va, el que sientes que te ayuda más.
¿Qué tiene la meditación que ayuda a dejar de sufrir?
Una auténtica práctica de meditación implica tres trabajos: con la atención, con las emociones y con las creencias que tienes sobre ti mismo. La meditación te va a ayudar a dirigir la atención a cosas de la vida que te liberan, que te centran, que potencian tus cualidades. Una persona con depresión se fija en todo lo malo que hay en la vida; una con ansiedad se fija en todos los peligros… La práctica de la meditación te muestra en qué es sano fijarte y te da la fuerza mental necesaria para hacerlo.
¿Cómo ayuda la meditación a trabajar las emociones?
Está muy estudiado que a la hora de afrontar problemas, las emociones positivas te protegen y te dan más más recursos, más lucidez, más tolerancia al dolor, a la frustración, más claridad para ver soluciones. Y la meditación te ayuda a desarrollar estas emociones positivas: amor, armonía, gratitud, regocijo… Es una herramienta potentísima incluso para afrontar incluso enfermedades; si alguien con cáncer tiene un estado de ánimo positivo, está demostrado que hay menos síntomas, tolera mejor la radioterapia, se cura antes. La meditación también ayuda a controlar las emociones negativas, como la envidia, los celos, el enfado…
¿Y cómo influye la meditación en la idea que uno tiene sobre sí mismo?
La idea que no tiene de sí mismo es la base de todo el sufrimiento. Pero es una idea aprendida, no es la verdad. La meditación llega al fondo de nuestro ser, a la verdad, y te despierta esa lucidez, esa inteligencia para discernir. Uno de los principios de la meditación y del camino espiritual es que si tú estás en contacto con lo que eres de verdad, estás en paz.
¿Por qué?
Porque lo que eres de verdad, tu esencia, nunca nada lo puede dañar. Tú puedes sentir sufrimiento, pero sabes que es una parte pequeña de ti a la que afecta; a lo de demás no llega. La fuerza del sufrimiento depende de la fuerza que le damos. El sufrimiento no existe por sí mismo, no está ahí fuera del mundo. La meditación crea esa conciencia de lo que no importa porque dentro está tu paz. Los maestros espirituales sufren también cuando pierden a seres queridos o cuando envejecen; lo que pasa es que tienen la conciencia de saber que hay algo más importante.
Eso no tiene nada que ver con volverse más pasivo, más desinteresado por todo.
No, no. Eso es el error. A veces te encuentras con gente que se cree muy espiritual, que pasa de todo y que con 40 años no trabaja y está viviendo en casa de sus padres. Y dices pero tú adónde vas.
¿En que basa su trabajo de meditación?
En la compasión y la sabiduría. La compasión tiene que ver con la atención y las emociones: vivir la vida cotidiana más satisfecho, relacionarte bien con los demás, aportar algo al mundo, salir de tu egocentrismo. No hay que ser bueno solo por una cuestión ética, sino porque es lo que funciona. La sabiduría tiene que ver con el ser, con lo que somos.
¿Y qué pide la meditación a quien espera obtener sus beneficios?
Tiene que poner pasión, interés, motivación, tiempo. La meditación no es algo que haces un rato; es muy exigente porque requiere durante todo el día auconsciencia, atención. Además de tu práctica de estar sentado, vas cambiando tu actitud en la vida, vas haciéndote consciente de tus emociones, reacciones, etc. Exige un trabajo de conocimiento personal constante.
¿Algún requisito más?
Tienes que querer dejar de sufrir. Esto parece obvio, pero no lo es. Dejar de sufrir tiene que ver con abandonar las creencias. Debes estar dispuesto a soltar creencias, expectativas, metas, deseos… Eso que te hace sufrir es solo una opinión, una forma de ver la vida, pero puede haber muchas otras formas de verla. Yo soy psicoterapeuta, y le puedo decir que gran parte de mi terapia es convencer a la persona de que abandone una creencia que le está haciendo daño.

Un medio, no un fin

Para Juan Manzanera meditar es secundario, lo importante es la vida. ¿Por qué sentarnos a meditar? Porque esa media hora de meditación nos ayuda a ser conscientes de lo que nos pasa. “El objetivo no es ser un gran meditador, como interpreta mucha gente. Cuando alguien te dice que se quiere retirar al campo a meditar, te está diciendo que quiere el placer de la meditación, pero no afrontar la vida dejando de sufrir”.

Entrevisa aparecida en www.yogaenred.com

27 de noviembre ¿San Buddha?



El Buddha en el cristianismo
El Jatakamala (mala = rosario, guirnalda; Jataka = historias de nacimientos) es un volumen de historias incluidas en en el segundo libro del Tipitaka, sobre las vidas anteriores de Siddhartha Gautama  "El Buddha" contadas alegóricamente en forma de fábulas. Esta colección de historias sobre las vidas y reencarnaciones del Buddha en tiempos de Almanzor llegó hasta occidente vía Bagdad, debido a que en esta ciudad existía una grandiosa universidad donde era especialmente estudiada la literatura hindú y por extensión la buddhista. Se tradujeron y difundieron grandes obras filosóficas como el Pancatranta el Karataka-danaka y también la historia del Buddha a través del Lalita-Vistara y el Jatakamala. La traducción de estas historias siguieron las rutas de comercio oriental, también recorridas por monjes buddhistas en su labor misionera hacia el Asia Central llegando incluso al occidente macedónico, Grecia y Roma.

En una segunda fase mediante las traducciones arábigas de estos textos la vida del Buddha también se difundió por el mundo árabe hasta occidente.

Finalmente, en una tercera fase, los misioneros cristianos acabaron por traducir el mismo Jatakamala del arábigo al griego cuando San Juan Damasceno, Siglo VIII vivió en la corte del Califa de Bagdad. La leyenda de la vida del Buddha sería, así introducida en el universo cristiano alrededor del siglo VIII, con el nombre de Iusaf o Iudasaft del arábigo Budasf o Budasaft y este del pali Bodhisatta (sánscrito: Bodhisattva). Así esta leyenda cristianizada entró en el martirologio como la Vida de San Josafat o de Barlam y Josafat, atestiguada en el Martyrologium Romanum publicado en Antuérpia en el año 1701 donde se recoge y declara la santidad de Josafat.

También aparece en las obras latinas Gesta Romanorum, Vitae Sanctorum, Disciplina Clericalis y Vitae Patrum donde curiosamente es explicada la moral buddhista (sin saberlo).
Fray Hilario de Lourinha, extrajo esta leyenda moral y la adapto en Vida del infante Josaphate hijo del rey Avenir, sin saber realmente que se trataba de la historia del mismo Buddha.
Estas historias tuvieron un nuevo auge en el siglo XVII cuando los misioneros cristianos llegaron al Tíbet, como el Padre Antonio de Andrade de la Compañía de Jesús que llegó a pensar que las comunidades buddhistas tibetanas eran comunidades cristianas desviadas con algunas diferencias pero con muchos parecidos filosóficos y teológicos al cristianismo (la trinidad, la madre de dios, el misterio de la encarnación, la confesión…) y similitudes rituales (la organización monástica, la forma de rezar y cantar, la colocación de las manos al rezar, la similitud en el diseño de los hábitos monacales, el uso de agua bendita y otros, por no hablar de parecidos en la imaginería).

Orígenes y difusión
La narración tiene su origen en la historia de la conversión del príncipe hindú Siddharta Gautama en un iluminado o «buddha», originada en un relato brahmánico del siglo VI a. C. en la India. El texto experimentó numerosas transformaciones a través de una versión maniquea turca del siglo III ddC y la traducción al árabe en Bagdad en el siglo VIII. Más tarde, entre los siglos VIII y IX se tradujo a la lengua georgiana y griega, en la versión bizantina que dio origen a la latina de donde se difundió a todo el occidente europeo. Una traducción griega de San Eutimio del siglo X la introduce en el ámbito cristiano, añadido con materiales de la Biblia y los Santos Padres.

La versión griega originó dos traducciones latinas. De la primera, realizada en Constantinopla hacia 1048, arrancan dos compendios de gran popularidad: el incluido en el Speculum historiale (lib. XVI, cap. 1-64) de Vicente de Beauvais (1190-1264) y el de la Leyenda dorada (cap. 180), obra de Jacobo de la Vorágine (1230-1298). Tras estas transformaciones la obra adoptó la forma de un relato hagiográfico, hasta el punto de incluir a Josafat en el santoral romano (San Josafat, 27 de noviembre) y en el ortodoxo (San Josafat, 26 de agosto).
En la Península Ibérica la obra conoció versiones latinas, árabes y hebreas y también fue llevada a las lenguas romances castellana, catalana y portuguesa. En lengua castellana a los tres manuscritos conocidos (ms P 1877 Bibl. Univ. Salamanca, ms.G. 18017 Bibli. Nac. Madrid y ms. 1829 Bibli. Univ. Estrasburgo s XV) hay que sumar la traducción de Arce Soloerceno de 1608 o la de Fr. Baltasar de Santa Cruz de 1692 entre otras. En catalán El príncep i el monjo d'Abraham ben Semuel ha-evi ibn Hasday, traducción de una versión hebrea.

Argumento de Barlaam y Josafat
El argumento comienza con el nacimiento de Josafat, hijo único del rey Avenir al que ya acuciaba la carencia de heredero. Sin embargo un oráculo predice que el niño tendrá un reino más alto que el de Avenir, el de los cristianos, fe a la cual convertirá a su propio padre. Para evitarlo lo manda encerrar en un hermoso palacio, que le aislaría de todo contacto con la visión de la fealdad, vejez o enfermedad, que lo podrían conducir hacia las enseñanzas del cristianismo. Sin embargo, en una ocasión, Josafat sale de su palacio y conocerá a un enfermo, un leproso y un anciano que le harán reflexionar sobre la caducidad de las glorias mundanas. Por último se encuentra con el ermitaño Barlaam que, por medio de cuentos ejemplares (exempla), le instruye en la fe cristiana y logra su conversión mediante el bautismo. A partir de entonces deberá superar las pruebas que le impondrá su padre, consistentes en disputas teológicas y tentaciones, de las que saldrá victorioso, convirtiendo incluso a sus oponentes y por fin emprendiendo una vida eremita de penitencia.

La historia de la conversión de Siddharta es así cristianizada y convertida en hagiografía. A pesar de ello, quedan rasgos del origen oriental, como el marco para la inserción de cuentos, que en este caso tiene su paralelo con el encierro del héroe en un palacio del Sendebar para evitar los funestos augurios que su padre recibe.

El Buddha en el hinduismo
El Buddha, es la novena reencarnación de Vishnú. Para los creyentes en el hinduismo, el Buddha histórico es el noveno avatara (novena reencarnación de Vishnú, el dios de la vida).
Las enseñanzas del Buddha niegan la autoridad de los Vedas y en consecuencia el buddhismo es visto generalmente como una escuela nastika (escuela heterodoxa), desde la perspectiva del hinduismo ortodoxo.

El gran éxito de la doctrina de Shakyamuni en una época de decadencia del brahmanismo y la gran habilidad dialéctica de los pensadores buddhistas (vencedores de los hinduistas en las frecuentes debates públicos sobre temas metafísicos celebradas por aquel entonces), indujeron a los brahmanes a una hábil maniobra: En vez de tomar a Buddha como adversario, lo integraron como manifestación de Vishnú.

Debido a la diversidad de las tradiciones dentro del hinduismo no hay un punto de vista específico sobre la posición exacta del Buddha, en referencia a la tradición védica:
En el Stotra Dasavatara sección del Gita Govinda, el influyente Vaishnava poeta Jayadeva Goswami incluye al Buddha entre los principales diez avatares de Vishnú y escribe una oración con respecto a él:

Oh Keshava!
Oh, Señor del universo! ¡Oh Señor Hari, que has asumido la forma de Buddha!
Todas las glorias a Ti!
Oh Buddha de corazón compasivo, que condenas el sacrificio de los pobres animales de acuerdo con las normas de sacrificio védico.
Este punto de vista del Buddha como el avatar que principalmente promueve la no-violencia (ahimsa) sigue siendo una creencia popular entre una serie de modernas organizaciones Vaishnava, incluyendo ISKCON (los haré krishna).
Otros modernos maestros del del hinduismo, tales como Radhakrishnan y Vivekananda, consideran al Buddha como maestro de la misma verdad universal que subyace a todas las religiones del mundo.

En las escrituras hindúes
El Buddha aparece en importantes escrituras hindúes, como los Puranas. Aunque, no todos ellas se refieren a la misma persona, en algunas de ellas se refiere simplemente a "una persona que posee el conocimiento". La mayoría de ellas, sin embargo, se refieren al fundador del buddhismo, casi siempre criticando el sacrificio de animales, el sistema de castas o la adoración a algunos dioses del panteón hinduista.
El Buddha aparece en los siguientes Puranas:
    * Harivamsha (1.41) Harivamsha (1.41)
    * Vishnu Purana (3.18) Vishnu Purana (3.18)
    * Bhagavata Purana (1.3.24, 2.7.37, 11.4.23)
    * Bhagavata Purana (1.3.24, 2.7.37, 11.4.23)
    * Garuda Purana (1.1, 2.30.37, 3.15.26)
    * Garuda Purana (1.1, 2.30.37, 3.15.26)
    * Agni Purana (16) Agni Purana (16)
    * Narada Purana (2.72) Narada Purana (2.72)
    * Linga Purana (2.71) Linga Purana (2.71)
    * Padma Purana (3.252). (Dhere Ramchandra Chintaman)  Padma Purana (3.252), (Dhere Ramchandra Chintaman)

El Buddha en el Islam
La historia de Barlaam y Josafat es conocida en el mundo árabe como El Libro de Bilawhar y Yudasaf, compilado por Aban al-Lahiki (750-815 dC) en Bagdad. Esta interpretación islámica incorpora partes de las historias de vidas anteriores del Buddha, El Libro del Buddha (Ar. Kitab al-Budd), preparado también en ese momento, sobre la base de traducciones al árabe de dos textos en sánscrito, del Jatakamala y el Ashvaghosha -los hechos del Buddha-.

Las influencias buddhistas sobre el sufismo son indiscutibles. Históricamente, el buddhismo y el Islam han sido vecinos durante siglos en Asia. Por ejemplo, Abu Yazid Bistami (804-874 dC) introdujo en el sufismo los conceptos de fana y khud'a de la influencia de su maestro, 'Ali Abu al-Sindi. Fana significa el cese de la existencia, la destrucción total del ego individual al ser uno con Dios; khud'a significa engaño o truco, como la descripción del mundo material.

Más relevante sería la importancia del maestro espiritual y de los métodos de meditación, como las técnicasmeditativas para el desarrollo del amor, ejercicios de respiración, la repetición de mantras o dhikrs, y la visualización.

El Buddha en la Comunidad Ahmadía del Islam
Mirza Tahir Ahmad, el cuarto califa de la comunidad musulmana Ahmadiyya, en su libro Apocalipsis, racionalidad, conocimiento y verdad, sostiene que el Buddha fue en verdad un profeta de Dios que predicaba el monoteísmo. Cita las inscripciones de las estupas de Ashoka, que mencionan "Isa'na", que significa Dios.

La comunidad musulmana Ahmadiyya, aunque considerada una rama desviada de los sunitas y chiítas, considera que el Buddha fue un Profeta de Dios.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La naturaleza cristalina de la mente

No te metas en el río, no siguas la corriente de tu mente. Espera en la orilla y simplemente observa. La verdadera naturaleza de la mente es esa claridad cristalina ensuciada por pensamientos y emociones pasajeras...


martes, 6 de noviembre de 2012

Equilibrio y meditación

En la naturaleza todo tiende al equilibrio. En nuestro cuerpo, como parte de la naturaleza que es, sucede lo mismo, a esto se le llama homeostasis. Es una dinámica de fuerzas y reacciones químicas que mantienen estable el medio interno.Maestro Kosen


Pero este balance es dinámico. Equilibrio que se desequilibra y se vuelve a equilibrar adaptándose a la nueva situación, mant eniendo el sistema dentro de constantes que le permiten funcionar.
Generalmente no es algo de lo que nos ocupemos, ya que el sistema que se encarga de equilibrar el cuerpo y las funciones vitales funciona mayormente de forma inconciente. De manera que habitualmente no llevamos la atención a las posturas que el cuerpo ad opta o a la manera desequilibrada de pensar (ambas están relacionadas).
Una cosa es cierta, la postura del cuerpo y el estado mental están vinculados.
La posición del cuerpo en el espacio, particularmente la cabeza, envía información permanentemente al sistema de equilibrio, para ajustar el cuerpo al eje vertical y que no se tuerza o caiga.
Complejos mecanismos y múltiples interconexiones gestionan información proveniente de todos los niveles y controlan de manera dinámica el equilibrio.
Es que, incluso la más sutil de las reacciones químicas de la célula está íntimamente ligada al resto del organismo, y a este como cuerpo físico y su relación con el espacio. (ver post: 14/5/11 y 18/5/11).
Como cuerpo y mente no están separados, las posturas que adopte el cuerpo influirán de manera determinante en la psiquis y en las emociones de la persona.
La relación con el centro de gravedad del cuerpo, y el eje vertical es fundamental para el equilibrio de las constantes fisiológicas del organismo y la actitud mental.
Según las posturas que se adopten, se percibirá una realidad acorde, ya que la conciencia y el cuerpo son lo mismo (aunque de aspecto diferente).
Por esto adoptar posturas equilibradas es fundamental.
Zazen, la postura de meditación zen, es la postura más estable que puede adoptar un ser humano, por más tiempo y con menos esfuerzo. (ver zen y salud). Y aunque está claro que zazen no es una gimnasia ni una terapia, si no una postura de autoconocimiento y despertar espiritual, esto es posible gracias al equilibrio del cuerpo-mente.
A esta condición de normalidad se le llama punto cero.
El equilibrio es la cancelación de todas las fuerzas entre sí. Ninguna predomina. Esto es el punto cero. Cualquier manifestación representa un desequilibrio, una diferencia.
Por eso la enfermedad es un desequilibrio. Nos acordamos del cuerpo cuando este duele. Pensamos en nosotros cuando somos infelices o egoístas. Con salud y felicidad, uno se olvida más fácil de si mismo, es la mejor manera de trascenderse y aprender.
Las contradicciones y sufrimientos de la vida se corrigen encontrando el equilibrio.
Para la mente es muy difícil equilibrarse a si misma, ya que generalmente esto provoca más agitación. El pensamiento se equilibra con el no pensamiento. Así que empezamos por el cuerpo, lo equilibramos, llevamos la concentración a la postura y la mente se armoniza a esta nueva condición.

 El sistema de equilibrio
El equilibrio de la postura corporal es el resultado de la información que llega de tres lugares distintos: el sistema vestibular, el sistema propioceptivo y la vista.
La información que llega (vías aferentes) se integra a nivel del tronco encefálico y el cerebelo, interviniendo también la corteza cerebral (lóbulos frontal, parietal y occipital). La información integrada provoca diversas reacciones motoras (vías eferentes) tendientes a equilibrar el cuerpo de acuerdo al cambio de posición de este con respecto al espacio.
El sistema vestibular Informa de la posición de la cabeza en relación con el suelo.
Esta situado en el oído interno, junto a la cóclea (órgano de la audición).
Debido a su forma (posee 3 conductos semicirculares de cada lado), recibe señales de los 3 planos (frontal, vertical y horizontal). Estos conductos están recubiertos en su interior por receptores especializados (células sensoriales) que poseen cilios (pelos) bañados por un líquido viscoso (endolinfa).
De acuerdo al movimiento y a la posición de la cabeza la endolinfa se mueve, moviéndo los cilios, estimulando los receptores, los cuales generan impulsos nerviosos que llegan hasta el cerebelo y al tronco encefálico con importante influencia de la corteza cerebral. La información se integra y se envían señales que van hacia la médula espinal y de ahí al sistema neuromuscular periférico para adaptar la postura a una nueva condición de equilibrio.
El cerebelo a su vez interviene en el control del tono muscular.
En la postura de zazen la cabeza reposa en equilibrio sobre los hombros, por lo que el sistema vestibular reposa y se armoniza con la posición de equilibrio estable. Al disminuir las señales se desactiva el circuito bioeléctrico con la corteza cerebral y el control voluntario de los músculos. Esto provoca una disminución de la actividad cortical y del pensamiento conciente y una activación del cerebro profundo e inconciente. Lo que favorece el tono muscular de la postura y la concentración mental.
El Sistema Propioceptivo es un conjunto de receptores y nervios que proporcionan información sobre el funcionamiento armónico de músculos, tendones y articulaciones: interviene en el desarrollo del esquema corporal y en la relación del cuerpo con el espacio.
A diferencia de los seis sentidos con los que percibimos el mundo exterior (visión, gusto, olfato, tacto, audición y equilibriocepción), la propiocepción es un sentido por medio del cual se tiene conciencia del estado interno del cuerpo.
Durante zazen al prescindir de los sentidos externos, la propiocepción aumenta, con lo que mejora el control de la postura y nos permite ser concientes más fácilmente del estado interno y de los desequilibrios posturales, y así poder corregirlos.
Esto se relaciona también con un aumento de la atención sutil y de la concentración. Estas dos cualidades superiores del espíritu están evidentemente ligadas a la postura del cuerpo y a la posición de la columna vertebral y de la cabeza.
Cuando la postura es inmóvil y estable, la mente se vuelve calma y estable
El tercer componente: la vista, al igual que el resto de lo sentidos, reposa durante la práctica de zazen.
En la postura de meditación zen no se mira hacia fuera. Los ojos están entre abiertos y la mirada posada a 45º y aunque no se está cortado del exterior, no se fija la vista en nada.
Al recibir el cerebro menos señales del entorno, se produce un reposo de la corteza occipital y de todas las vías ópticas incluidos los ojos. Esto además de favorecer el equilibrio de la postura permite crear una realidad interior más rica, ya que se integra nueva información (y energía) proveniente del propio cuerpo, mejorando además la visión, ya que los pequeños músculos que controlan al ojo, recuperan su tono normal. Por otra parte los ojos descansan de un medio visual normalmente saturado de estímulos.
La práctica de zazen es un método excelente para encontrar el equilibrio en la vida cotidiana y aprender a trascender la mente ordinaria.
Tener la columna vertebral erguida y la cabeza en equilibrio es una cuestión de evolución.
Es un despertar de la conciencia.

Además de meditar sobre la compasión, hemos de llevarla a la acción

video


Matthieu Ricard
La neurociencia entrevista al hombre mas feliz del mundo, su nombre Matthieu Ricard que es biólogo científico y al mismo tiempo monje budista tibetano... Este vídeo explica en términos sencillos lo que es la meditación y como se puede utilizar en la vida cotidiana.

¿Qué es la meditación? I

No importa cuántas palabras sagradas hayas leído,
no importa cuántas has dicho,
no sirven de nada si no actúas.
Siddhārtha Gautama, el Buddha.


El término «meditación» proviene del latín meditatio, que originalmente indica un tipo de ejercicio intelectual. Generalmente el término se refiere a la meditación propia de las prácticas yóguicas, originadas en India. La escuela teosófica del siglo XIX que introdujo en occidente y estudió estas prácticas adoptó la palabra «meditación» para referirse a las diversas técnicas de recogimiento interior o contemplación propias del hinduismo, buddhismo y otras religiones orientales. La meditación se caracteriza normalmente por tener algunos de estos rasgos:
  • Un estado de concentración o focalización en el momento presente.
  • Un estado experimentado cuando la mente se disuelve y es libre de sus propios pensamientos.
  • Una concentración en la cual la atención es liberada de su común actividad y focalizada en lo absoluto, en la unicidad.
  • Una focalización de la mente en un único objeto de percepción, como, por ejemplo, un objeto, la respiración o la recitación de mantras.
El objetivo de la meditación consiste en observar y despertar la naturaleza de la mente e introducirnos a aquello que en realidad somos, a nuestra consciencia pura e inmutable que subyace a la totalidad de la vida y la muerte.
La meditación nos enseña a satisfacer nuestros deseos profundos, a descubrir la felicidad interna y a alcanzar una sensación de unidad con la vida. Podemos llegar a descubrir quienes somos en realidad y un modo más sabio de vivir esta extraña vida en la que estamos sumidos, ayudándonos a vislumbrar de que va todo el proceso de la vida y de la muerte. Lo único que necesitamos es una práctica constante que nos permita conseguir el equilibrio interior necesario para tener una visión clara de todo este proceso.
La meditación es la manera de volver a nosotros mismos, el lugar donde poder experimentar nuestro ser completo, más allá de los patrones culturales impuestos por la sociedad. En el silencio de la meditación, observamos y regresamos a esa profunda naturaleza interior que aparece oculta y que olvidamos con tantas ocupaciones, problemas y distracciones de nuestras mentes.
Meditar es la condición o estado natural de la conciencia humana, capaz de comprender por sí sola el significado de su existencia, aún si esto  ocurre a nivel del inconsciente. Esta percepción se interrumpe constantemente por la agitación o el interés en los asuntos particulares que absorben nuestra atención. La práctica de una rutina de meditación devuelve a la mente a ese estado básico y primordial. En la tradición zen se dice que meditar es "tocar el corazón" del ser humano.
En el silencio de la meditación, podemos observar esa profunda naturaleza interior, ese estado primordial de la mente que perdimos de vista entre la agitación y la distracción de nuestra mente, y regresamos a ella. Normalmente nuestra mente no pueda estarse quieta más de unos pocos instantes sin anhelar distracción; es inquieta y desasosegada. La concentración mental o la atención plena ayuda a reordenar la mente y calmar la ansiedad. Mejora la comprensión de objetivos y motivaciones y equilibra el carácter. Aunque también puede hacer resurgir motivaciones, traumas, emociones o energía enquistadas.
Estamos fragmentados en muchos aspectos distintos. No sabemos quienes somos en realidad, ni con qué aspectos de nosotros mismos deberíamos identificarnos ni en cuáles creer. Son tantos los dictados, voces y sentimientos que luchan por controlar nuestra vida interior que nos encontramos dispersos por todas partes, en todas direcciones.
Cuando comenzamos a practicar meditación, incorporamos una visión y una perspectiva totalmente diferente. En la vida cotidiana ponemos mucho esfuerzo en la obtención de las cosas externas con muchos problemas y obstáculos que hay que superar, por el contrario, en la meditación buscamos obtener objetivos internos sin ninguna lucha, por tanto, es una ruptura de nuestro funcionamiento habitual.
En nuestro mundo occidental, la gente tiende a estar muy interesada en la "tecnología" de la meditación. Pero la característica más importante de la meditación no es la técnica, ni tan siquiera la postura, es más bien actitud interior y la motivación con que se realiza esta.
La meditación es simplemente una cuestión de estar, de estar en el momento presente, dejando ir al pasado y sin pensar en los problemas que nos traerá el futuro, es como derretirse, como un pedazo de mantequilla dejada al sol. No tiene nada que ver con saber o no; de hecho, cada vez que practicamos la meditación debemos intentar estar frescos, como si sucediera por primera vez.
Nos sentamos con el cuerpo relajado, silencioso, la mente tranquila, y permitimos que los pensamientos al observarlos sin involucrarnos en ellos vengan y se vayan, sin dejarlos causar agitación en la mente, somos los espectadores neutrales de este flujo de pensamientos que pasan por nuestro cerebro y que debemos dejar ir como si fueran nubes que surcan el cielo lentamente. Si necesitamos algo que hacer, algo a lo que asirnos mientras meditamos, podemos observar la respiración. Es un proceso muy simple. Cuando exhalamos, sentimos que estamos exhalando.
Cuando inhalamos, sentimos que estamos inhalando, sin juzgar o hacer cualquier comentario mental, sólo nos identificamos con la respiración. Este proceso de la mente en atención plena sobre un objeto, en este caso la respiración, es muy simple, está al alcance de cualquier persona. Pero, aunque sencilla, esta técnica repetida con cierta regularidad es capaz de procesar los pensamientos y las emociones, en especial las negativas y liberarnos de ellas como si de una vieja piel de la que nos desprendemos se tratara.
Generalmente las personas se concentran en diferentes partes del cuerpo para relajarse. Pero la relajación completa y verdadera viene cuando nos relajamos de adentro hacia afuera, entonces todo será más fácil y natural.
Cuando comenzamos a practicar, no debemos forzar la concentración, solamente se trata de permanecer en el presente sin tensión, sin esperar ningún logro o recompensa, en definitiva, sin esperar nada a cambio. No es necesario centrarse en cualquier objeto o concepto para comenzar. Es mejor ser espacioso, dejar espacio en nuestro interior y permitir que los pensamientos y las emociones aparezcan. Si lo hacemos así, más tarde, cuando utilicemos un método como puedes ser observar la respiración, la atención estará más fácilmente consciente en el respirar. No hay punto determinado en la cual necesitemos concentrarnos, es simplemente el proceso natural de la respiración.
Intentamos identificarnos realmente con la respiración, más que solamente observarla. Podemos elegir un objeto, como una flor, una vela, para enfocar la atención; o visualizar una luz en la frente, o en el corazón. Se puede utilizar un sonido particular o un mantra. Pero al principio es mejor simplemente ser espacioso como el cielo y sentir que somos el universo entero y formas parte de él.
Cuando nos sentamos a meditar, debemos dejar que todo se calme permitiendo que las cosas y todo lo que está en desorden o agitado se disuelva naturalmente, se desvanezca tranquilamente, de aquí nacerá el verdadero ser. Experimentamos entonces un aspecto que podríamos definir como "verdadero yo". A medida que profundizamos más, comenzamos a descubrir y a conectarnos con la calidad de amar que es la más fundamental y el motor de esta práctica.
La práctica de la meditación busca que la mente descanse en su propia naturaleza. Nos sentamos y dejamos que todos los pensamientos y conceptos se disuelvan, es como cuando las nubes se disuelven o la niebla se evapora, revelando el cielo claro y el sol que brilla detrás de ellas. Cuando todo se disuelve, comenzamos a experimentar la verdadera naturaleza. ¡Estás vivo! Y en ese momento, nos sentimos realmente bien. Está sensación de bienestar es completamente diferente a todas las que hemos experimentado anteriormente. Es una experiencia verdadera y genuina, en la cual se siente una profunda paz, alegría y confianza en uno mismo.
Cuando se medita es esencial que se cree un ambiente mental adecuado. Todos los esfuerzos y luchas vienen de la estrechez, de no hacerse espacio, de no crearse un espacio adecuado en el que estar a gusto, de modo que crear ese ambiente adecuado, es vital para que se produzca verdaderamente la meditación. Cuando están presentes el humor y la amplitud, la meditación surge sin esfuerzo.
A veces, al meditar no es necesario utilizar ningún método en especial. Podemos limitarnos a dejar reposar la mente y relajarnos, y sentado en silencio, descansar en la naturaleza de la mente; sin dudar ni preguntarnos si estamos en el estado correcto o no. No hay ningún esfuerzo, sólo comprensión, una actitud despierta y una certeza inconmovible. Cuando descansamos en la naturaleza de la mente, la mente ordinaria ya no está ahí. Ya no necesitamos confirmar nuestra existencia: simplemente somos. No hay nada más que hacer que simplemente ser.
Los maestros tibetanos nos enseñan que para meditar simplemente lo que debemos hacer es "Llevar la mente a casa, soltar, y relajarse". Toda la práctica de meditación puede resumirse en estos tres puntos básicos: llevar la mente a casa, aflojar o soltar y relajarse.
Llevar la mente a casa significa llevar la mente al estado de "morar en calma" mediante la práctica de la presencia mental. En sentido profundo, llevar la mente a casa es volver la mente hacia el interior y reposar en la naturaleza de la mente.
Al sentarnos en silencio si observamos atentamente nos daremos cuenta que todo lo que abarca la vista está cambiando continuamente. No hay nada en nuestra vida que perdure ni se mantenga estable durante mucho tiempo. No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que todo se halla sumido en un proceso de cambio continuo. Sin embargo, normalmente queremos que las cosas, que cambian de continuo, permanezcan igual y nos aferramos a ellas, así acabamos sumidos en la decepción y el sufrimiento. Por más que nos aferremos a algo queriendo que perdure, ese algo no dejará de cambiar. Tratar de apegarnos o aferrarnos a lo que fue, simplemente genera insatisfacción y sufrimiento, porque la vida, en realidad, es un flujo continuo que cambia a cada instante.
Soltar significa dejar salir la mente de su cárcel del apego, puesto que uno reconoce que todo el sufrimiento, dolor, miedo y perturbación proceden del ansia o la sed de la mente por apegarse a los deseos y de aquello que fue. En un plano más profundo, el conocimiento y la confianza que surgen de la creciente comprensión de la naturaleza de la mente estimulan la generosidad natural que permite dejar que el corazón se desprenda de todo apego, dejar que se libere y se disuelva en la inspiración de la meditación.
Cuando descubrimos que todo es fugaz, inaprensible, impermanente y que si nos apegamos a las cosas pretendiendo que no cambien, generamos mucho sufrimiento, nos damos cuenta de lo sabia que es la actitud de soltar y relajar.
Relajarse significa ser espacioso y apaciguar todas las tensiones de la mente. En un sentido más profundo, es relajarse en la verdadera naturaleza de la mente. Darse cuenta de que ganancia y pérdida, elogio y culpa, placer y dolor, forman parte de la esencia cambiante de la vida y son inseparables. Soltar y relajarse no significa despreocuparse de las cosas, y dejar que ocurran por sí solas, sino cuidar de ellas de un modo más flexible, respetuoso y sabio.
Los maestros tibetanos dicen que este proceso de relajación es como derramar un puñado de arena sobre una superficie plana. Cada grano se asienta por su propia cuenta. Así es como debemos relajarnos en nuestra verdadera naturaleza, dejando que todos los pensamientos y emociones cesen naturalmente y se disuelvan en el estado ecuánime de la naturaleza de la mente.
A veces nos preguntamos ¿Qué hay que ver, escuchar o sentir cuando se medita? El maestro theravada Acharn Tippakorn Sukhito, dice que "ver es sólo ver, oír sólo es oír". Si te concentras realmente sentirás el cuerpo y la mente ligeros. Pero normalmente decimos, que surja el sentimiento que surja, es sólo un sentimiento. Debemos observarlo, identificarlo y soltarlo. Por tanto, lo verdaderamente importante en la técnica de la meditación es darse cuenta, observar lo que surge en el cuerpo y en la mente y después soltarlo.
No hay necesidad de meditar por mucho tiempo, apenas permanecer en silencioso hasta que podamos entrar y conectarnos con la esencia del corazón, este es el punto principal.
Una vez que la mente esté atenta y plenamente concentrada, la mente estará tranquila, estaremos en el momento presente en todo lo que hacemos. Como en el conocido dicho zen: "Cuando como, como; cuando duermo, duermo". Cualquier cosa que hagamos estará completamente presente en el acto, ya sea lavando platos, bailando o barriendo la casa, si se hace completamente consciente, se puede decir que estamos meditando.
Uno de los puntos fundamentales del viaje espiritual es la práctica de la meditación, es perseverar y ser constante a lo largo del camino. Un día la meditación puede ser buena pero al día siguiente puede que no lo sea tanto. Siempre estamos influenciados por nuestras experiencias diarias, pero si perseveramos, la práctica verdadera florecerá dentro de nosotros y entonces lo bueno y lo malo, se convierten en un simple espejismo. Puede hacer buen o mal tiempo pero el cielo siempre es el mismo, siempre es azul. Si perseveramos con constancia y mantenemos actitud espaciosa, sin la perturbación de emociones y experiencias, podemos desarrollar la estabilidad y la profundidad real de la meditación.
Encontramos esto gradualmente y casi inadvertidamente, nuestra actitud comenzará a cambiar. Ya no nos aferraremos a las cosas tan sólidamente como antes, y aunque sucedan crisis nos mantendremos tranquilos de forma natural, sin tensión, sabremos manejarlas y nos daremos cuenta de que todas las situaciones negativas dejan de serlo si son vividas con un corazón alegre y una mente calmada.
No podemos controlar al mundo, pero podemos controlar cómo actuamos en nuestro interior, y observar y traducir el mundo exterior de una forma más positiva. Podemos obtener un entendimiento más claro sobre la causa y el efecto y por ello seremos más cuidadosos con el comportamiento y el habla. Comprendiendo así, que es más importante observar nuestros propios fallos que mirar los fallos de los demás. El resultado será más paz mental en todas las situaciones.
Experimentaremos más felicidad debido a la capacidad de soltar las cosas cuando surgen dificultades, ya no habrá tanto apego ni aferramiento, sintiéndonos menos involucrados emocionalmente y por fin disfrutaremos de las cosas sin que sean causa de tanto sufrimiento.
Pero ¿Cuál es el objetivo de la meditación? En oriente se dice que la meta final de la meditación es la liberación del sufrimiento, el nirvāṇa. Pero, antes de llegar a esto, la meditación traerá más paz y felicidad a la vida del meditador. Las cosas siguen iguales, pero ya no permitimos que nos creen sufrimiento. Por fin, tendremos un sitio donde acudir, un refugio para la mente.
Todo el mundo puede practicar meditación, no es necesario ser religioso para meditar. Vale la pena probar, incrementa la atención, la paz y la felicidad en la vida. Si todos y cada uno de nosotros crease esta paz en su interior, conseguir la paz en este mundo no sería tan difícil. Hemos de crear paz en nuestro propio corazón, ya que es difícil encontrarla fuera de nosotros.
Nyoshul Khenpo Rinpoche, gran maestro tibetano del dzogchen, escribió: "Descansa en la gran paz natural esa mente exhausta, abatida por los golpes del karma y el pensamiento neurótico, como la furia implacable de las olas que rompen en el océano infinito del saṃsāra"